Cambio y fuera


“Los ecuatorianos son más adictos a las bellas letras que a los estudios serios; la República ha producida algunos poetas y literatos notables, pero ningún físico, químico, geógrafo, naturalista, en fin, ninguno que sobresalga en las ciencias exactas, que necesitan largos estudios y mucha paciencia. Por la misma razón de trabajar más con la fantasía y el corazón, que con el entendimiento y la cabeza, son muy aficionados a la música y a la pintura y escultura, y para estas artes manifiestan mucho talento”

Wolf, T. (1892), Geografía y geología del Ecuador pag. 542

En Latinoamérica se está viviendo una época muy particular. En mayor o en menor medida, los gobernantes y sus pueblos han visto la necesidad de diversificar la producción, de cambiar la matriz productiva. Lo lamentable del caso es que esta revolución del conocimiento obedece principalmente a la preocupación con la que se vislumbra la actualidad del modelo económico dependiente de la explotación de los recursos naturales no renovables.

Por mucho tiempo los principales actores de la política limitaron su acción a ser simples administradores de lo que Dios (o una naturaleza generosa) había provisto y se sentían (en mayor o en menor medida) cubiertos por la sombrilla del petróleo. Poco a poco y más por la necesaria mirada a otros ejemplos (buenos ejemplos, porque al parecer, lamentablemente, somos campeones para copiar lo malo) vemos que el mundo hace rato descubrieron al conocimiento como el más poderoso eje para transformar sus economías y por tanto generando empleo ser una sociedad más igualitaria.

Es un hecho innegable: el petróleo, que tantas escuelas, carreteras y hospitales construyó, algún día ha de acabar (últimos estudios dan esperanzadores 45 años). Pero la cuenta regresiva ha iniciado.

Desde el inicio de la era petrolera seguimos esperando gozar la transformación que el boom petrolero traería consigo. Las ciudades crecieron, fábricas aparecieron y construimos oleoductos. Aumentó la llamada clase media y con ella promesas de días mejores. Este modelo sostenido por el petróleo ha demostrado tener puntos muy flacos. Desigualdad, contaminación y foco de corrupción, una situación que desesperanzaba periodo tras periodo y en el que cada cuatro años permitía la gestación de un nuevo mesías.

Salvadores han existido muchos, pero todos tienen un final común. Claro, ¿Cómo no va ocurrir eso? Si llegan al poder mediante ofrecimientos fastuosos y promesas incumplibles. Analizando la situación latinoamericana, Ecuador no está exento de caer ante encantadores de serpientes y eso nos ha impreso en el ADN un carácter cada vez más desconfiado y contrario al cambio.

Uno de los pilares fundamentales para el tan necesario cambio es la educación. Nadie podría estar en desacuerdo. Pero otra vez, el cambio. Los temores salen cuando les dicen a nuestros maestros que los evaluarán continuamente, ellos ven en un proceso de mejoramiento y superación, la oportunidad propicia para deshacerse de ellos.

Antiguamente hablar de educación pública era mencionar lo peor. Sí, concuerdo que falta mucho por hacer, pero por algo se comienza. Hoy la educación pública ha recibido una gran inversión y la evaluación de las Universidades ha desnudado las falencias de currículos inapropiados, infraestructura deplorable y profesionales sin perfil para los desafíos de este nuevo siglo.

Hoy, por razones ajenas recordé mi época estudiantil. Puedo decir que tuve buenos maestros y hoy agradezco a ellos seguir cultivando el afán de aprender que inculcaron en la temprana niñez mis padres. En ese aspecto soy afortunado, las llamadas materias duras resultaron divertidas, hasta fáciles, lamentablemente también tuve a seres sin esperanza puestos frente al pizarrón; hombres y mujeres que proyectaron sus frustraciones y contagiaron del quemeimportismo a generación tras generación de jóvenes. Una “profesora” de literatura quien se empeñó en volver aburrida a la lectura, y no, no eran textos malos, ni pésimas lecturas, eran extractos de obras maestras, las cuales yo devoraba mientras ella demostraba que no tenía madera para su ocupación. El pasado 13 de abril se celebró el Día del Maestro y a falta de tiempo para dar su merecido homenaje escribo estas líneas con mi gratitud por los buenos, sin olvidar la necesaria evaluación y depuración de quienes forjan las mentes de ésta nación.

Los estudiantes quieren que el Ecuador cambie, pero ese mismo estudiante se siente cómodo en su rincón, ha logrado reducir a Wikipedia (quizás una de las más importantes herramientas que nos dio la Web 2.0) a un mero recurso para salir de apuros mediante el Ctrl + C, Ctrl +V. Sé que siempre existirán buenos y malos estudiantes y que cambiar es muy difícil, pero no será la primera ni la última vez que se nos pida adaptarnos. Pero otra vez, cambiar. ¿Para qué?, dirán algunos. Muchas protestas se alzaron cuando el estado instauró la política de evaluación pre ingreso a la educación superior pública. Y se escucharon voces que gritaban ¡INJUSTICIA! Cuando se limitaron los cupos a las distintas facultades. ¿Pero cuán injusto se considera limitar el número de estudiantes de ciertas carreras cuando existieron universidades que graduaban abogados en una proporción de 10 a 1 con los ingenieros? En una mañana mientras viajaba me generó muchas inquietudes escuchar a adolescentes cuya máxima aspiración era ser Twittstars, el epítome de una generación que quiere todo a cambio de nada.

Muchos satanizan al Examen Nacional para la Educación Superior (ENES). ¿Por qué? Porque muchos estudiantes de colegios públicos demuestran falencias inauditas para alguien que va a ingresar a la universidad; falencias de las que tampoco están exentas los hijos de cunas de oro que estudian en institutos con nombres pomposos.

Existen muchas razones para expresar preocupación por esta realidad, pero creo que no distan del editorial que Andrés Oppenheimer publicó en el Diario la Nación bajo el acertado título de ¡Menos filósofos, más ingenieros! El estado ecuatoriano se ha embarcado en una aventura que comenzó hace mucho tiempo, en un modelo que ha probado ser caduco e insostenible y al cual muchos no desean abandonar, triste realidad que está fijada en las mentes latinoamericanas.

Estimados lectores, ya en 1963 Bob Dylan nos recordaba que The Times They Are a-Changin’ y al parecer todavía no entendemos que, para crecer tenemos que cambiar. Han pasado dos siglos desde que Teodoro Wolf escribiera las palabras con las que comenzó este post, quizás olvidó mencionar a (o no escuchó sobre) Don Pedro Vicente Maldonado quien fue el Primer miembro de la Academia de las Ciencias francesa por América Latina, y en noticias más cercanas en el tiempo, el pasado 2013 la BBC reconoció a la compatriota Eugenia Del Pino, doctora en biología, como una de las 10 científicas más destacadas de Latinoamérica.

Cambio y fuera no es una despedida, es simplemente una reflexión (otra queja, ¿Quizás?) sobre la necesidad de la adaptación y el miedo hacia el cambio. O cambias, o estás fuera.

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About martincx

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8 responses to “Cambio y fuera”

  1. Thor_Maltes says :

    No pude evitar sentirme aludido, cuando mencionaste la sombrilla del petróleo, ya sabes de donde vengo y que fue uno de los más ilustres venezolanos que dijo la frase “sembrar el petróleo” y que nadie al sol de hoy haya comprendido la misma; dice mucho de la ciudadanía.
    Hablar de los responsables de la “segunda independencia” venezolana de la diversificación de la econonía criolla, de dejar la dependencia de la renta del petróleo es hablarles en chino (tristemente, muchos de estas personjas dicen ser Maoistas) de hecho es lamentable ver como el rubro agrícola se encuentra en tal mal estado, rubro que por un buen período de tiempo, no solo nos dio de comer sino también un renombre, así fuese pequeño.
    Ni en la cuarta ni mucho menos en la quinta república de Venezuela se ha querdio comprender que es más fácil (apoyado por la materia gris) hacer más fuentes de ingreso y así facilitar su repartición igualitaria, que seguir con el arcaico sistema rentista que ha actuado como maldición en las mentes del venezolano, con esa mentada frase “somos el país más rico del mundo, la verdadera tierra prometida”

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    • martincx says :

      Lo sé Thor Maltés, lo sé. Curiosamente acá, como todo, copiamos la frase del “sembrar el petróleo” y lamentablemente hoy día al apuro y con prisas, más por necesidad que por entera convicción se han dado los primeros pasos; aunque como también sabrás nuestro gobierno ha importado desde tu país ciertas prácticas erróneas que desdicen de su discurso de mirar hacia el futuro.

      Gracias por comentar colega.

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  2. Aquileana says :

    Interesante análisis crítico sobre una situación de hecho en Ecuador… Gracias. Un abrazo, Martín. Buen fin de semana. Aquileana⭐

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  3. Elena Fernández del Valle says :

    Estudié Medicina en una universidad pública (Universidad Autónoma de Nuevo León, en México). Se había suprimido el examen de admisión un par de años antes, y la facultad admitió a los 2000 aspirantes que se presentaron sin pedirles más que el bachillerato completo -era una escuela organizada para atender a 400 alumnos por generación. ¿Cuántos llegamos a graduarnos? 400. Se quedaron en el camino 1600 estudiantes que habrían podido emplear mejor sus esfuerzos.

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    • martincx says :

      Hola Elena.

      Gracias por tu aporte. Sé que en México existen buenas universidades, es más el gobierno ecuatoriano tiene programas de intercambio con ellas y tu ejemplo ha sido muy esclarecedor.

      Como dato de color, en mi ciudad hubieron protestas cuando limitaron el número de cupos (curiosamente en la carrera de medicina fue la de mayor protesta) y no se me ocurrió averiguar sobre el número de graduados en contraste con los incriptos. Me gustaría investigar un poco más sobre el porcentaje de graduados bajo el nuevo modelo.

      Un saludo.

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  4. Siesp... says :

    Me parece una artículo sensacional. Demuestra tu lucidez. Felicidades.
    En España hace décadas que se estableció el examen para acceder a la Universidad (pública). Fue traumático pero a la larga se ha visto eficaz a la hora de seleccionar las notas más altas para los estudios más delicados (por ejemplo, Medicina, que requiere la nota más alta para el acceso a esa disciplina).
    Todo eso estaría muy bien si no hubieran disfrutado de tantas facilidades las universidades privadas (católicas) donde uno se puede graduar si tu papá tiene el dinero suficiente para pagarte la matrícula. No importan tus conocimientos, basta el dinero. En estos casos no es necesaria ninguna prueba de acceso (ENES en Ecuador y Selectividad en España).

    Al final, un estado sometido a los “designios de dios” como el actual, apoya a las universidades católicas y asfixia a las públicas. Un ejemplo de manipulación es conceder los estudios de Periodismo a la universidad católica de Murcia y negarlos a la legendaria universidad pública. ¿Qué se pretende? Pues gente meapilas que sirva de coro adulador del poder establecido.

    Ahora bien, los empresarios podrán ser sinvergüenzas, pero no son estúpidos, y para sus empresas buscan gente cualificada. Es hilarante comprobar el anuncio de un bufete de abogados que pide titulados para trabajar en él, y añade la coletilla “abstenerse UCAM” (Ucam es la universidad católica de Murica, que ofrece esa titulación pero me río yo de ese título jajaja).

    Todo lo anterior demuestra que hay momentos en los que los gobiernos no tienen visión de futuro, porque no les importa el futuro, sólo el mayor beneficio económico en el menor tiempo posible. Y así se originan las crisis.

    Sólo la RESPONSABILIDAD puede intentar solucionar la dependencia del petróleo como la no dependencia (caso de España). Pero esa Responsabilidad no es algo que se enseñe en los colegios ni universidades privadas. Al menos, eso no sucede acá.

    Mucho queda por hacer, pero algo hemos avanzado, y es nuestra propia concienciación.

    Un abrazo.

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    • martincx says :

      Amigo Siesp:

      Gracias por las amables palabras, pero principalmente gracias por aportar el contraste entre universidades públicas/privadas. Acá en mi país, desde el 2008, la educación superior pública es gratuita y por eso el estado tuvo una mayor actividad y supervisión sobre la educación.

      Ya que nombras a las universidades católicas, debo puntualizar un par de cosas. Mientras la educación privada poseía una buena imagen, la pública era sinónimo de malas instalaciones, pésimos profesionales y una politización que asustaba. Lamentablemente la buena imagen de un par de buenas universidades privadas, permitió la proliferación de otro tipo de instituciones de “venta de títulos” (como los degree mill norteamericanos), las cuales descaradamente trataban de copiar los nombres de universidades prestigiosas. Un caso patético, la Universidad Cristiana latinoamericana. (UCL), la cual graduaba pastores y médicos por igual. Es conocida la aversión que tiene el protestantismo evangélico por la evolución, y por lo tanto resulta irónico encontrar médicos que la nieguen y satanicen.

      Un gusto tenerte por acá, me he ausentado de la red un poco, ya sabes el tiempo.

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