Mis mejores malos. 36/ El malo empático: cuando el malo mola


Me encantó la descripción del Dr. Lecter y de Don Vito. Muy buen blog. Recomiendo seguirlo.

El blog de Santiago González

 


Parmenio

Las películas, salvo las francesas, son artefactos donde pasan cosas. Esas cosas les ocurren a los personajes que reaccionan ante ellas y así se van dando a conocer al espectador y hacen avanzar la historia hacia su desenlace.

Una de las formas de hacer reaccionar al protagonista es enfrentarlo a un antagonista, el malo, algo o alguien que le obligue a tomar decisiones, a mostrarse y conseguir nuestro cariño, nuestra empatía, conseguir que nos identifiquemos con el personaje para así acompañarle hasta el final de la película. El antagonista es tan importante que podemos decir que un protagonista será tan bueno como el antagonista al que se enfrenta y es así hasta el punto que protagonistas mediocres se elevan por el impulso de grandes antagonistas, de grandes malos. Como los tres plastas de “Tiburón” (S. Spielberg, 1975) que acaban pareciendo algo gracias a un gran malo, irracional, listo…

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